Lo estuve pensando seriamente y, a los 28 años, creo que llegó mi momento: quiero probarme en San Martín y ser parte del plantel profesional. Me dirán que estoy loco, que no sé patear una pelota y que no hice inferiores en ningún lado. Pero yo sé que puedo, y aquí van mis razones:

Hay veces que me equivoco y, en algunas de ellas, me cuesta reconocerlo. Entonces, si Mundo Ciruja o algún medio no tan grande me califica con mala nota, puedo optar por no darle una entrevista o por tuitear en su contra. Eso sí, si algún medio grande me pone baja calificación, no le voy a decir nada.

Puedo exigir muchas cosas. Podría empezar por un departamento lindo. Pero lindo y con todo: con aire acondicionado, con LED y pileta en la terraza. O sino, mejor, una casa en un barrio privado, así estoy alejado del ruido de la ciudad.

También tengo algunos goles en mi haber. Pocos, pero creo que bastan para ser futbolista en la actualidad. Hice en el colegio, en el barrio, en los interfacultades. Puedo hacer un compilado de algunas actuaciones buenas y subirlas a Youtube, el canal donde todos los jugadores son Maradona.

Creo que todos tenemos días malos, pero dentro de todo, me considero un joven (o no tan joven) con buena onda. Así que me podrían sumar al grupo, aunque después no me hagan jugar ni un minuto. Eso es algo que viene pasando en San Martín hace varios años. ¿Por qué no, al menos, un semestre más? Prometo matarme dentro del verde cesped.

Tengo un trabajo pero puedo dejarlo y puedo pretender cobrar cifras que seguro no voy a merecer. Así, cuando se termine el torneo, voy a tener para irme de vacaciones a otro país. Eso sí, cuando vuelva, no esperen que las negociaciones sean fáciles. Voy a pretender cobrar como un jugador de Primera y no de Argentino A. No me va a interesar que los pibes del club cobren menos.

Como futbolista adoptaría un perfil bajo. Pero si tengo que hablar con la prensa puedo ponerme el cassette, ante una derrota puedo decir que “hay que trabajar en la semana” o también puedo agregar que “merecimos más pero no tuvimos suerte”. Podría pensar más frases, pero como soy un poco tímido creo que no hablaría mucho con los medios.

Tengo más razones. Mi puesto natural es de delantero. Me gusta ir por las bandas y asistir, aunque el área no me sienta tan mal. Eso sí, también puedo jugar como volante por derecha o izquierda, y si me necesitan puedo ser un doble cinco. Total, en estos últimos años, ¿a cuántos jugadores le cambiaron el puesto? Uno más y no jodemos más.

Lo llevo al club en el alma. Eso no está pasando mucho últimamente, pero obvio que cuando brinde mis primeras notas lo voy a decir, así la hinchada me brinde su afecto desde el primer momento. Voy a despotricar contra el rival de toda la vida y si alguna vez me ponen y hago un gol, obviamente, voy a besar el escudo.

Tengo otras, muchísimas razones más por las que creo que puedo jugar en San Martín. Pero no me van a alcanzar las líneas para escribirlas. Por eso, prefiero irme a dormir y a soñar con los goles que voy a hacer. Que alguien me despierte cuando arranque el período de pruebas en la pretemporada.

 

 

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