Que se vayan todos: hay algunos “hinchas” que ya cansan, y son esos que van a la cancha, se trepan al alambrado, paran el partido. También los que arrojan proyectiles, petardos. ¿No se dan cuenta que no le sirven de nada al club?. Ah, también aquellos que, finalizados los partidos, bajan a la cancha a agredir a la policía y a sacarle la ropa a los jugadores.

Ojos acá, oídos allá: muchos hinchas fueron a La Ciudadela con la radio prendida para conocer lo que sucedía en Salta con Juventud Antoniana y Unión Aconquija. El gol de Balvorín sobre el final del primer tiempo comenzó a matar la ilusión de la mayoría de ellos.

Escándalo: antes del encuentro, el Vice Claudio De Camilo protagonizó un escándalo con un dirigente de Central Córdoba. Hubo algunos golpes, lo que provocó que allegados a las dos dirigencias intervinieran. Por suerte, la policía pudo apaciguar, aunque los directivos santiagueños amenazaron con suspender el partido.

Silencio stampa: una vez más, como luego de cada derrota, nadie quiso hablar con la prensa. Nadie dio la cara. La mayoría de los jugadores se fueron insultados por los hinchas. Otro que también fue reprobado fue el dirigente De Camilo.

No alcanza: evidentemente, a este equipo no hubo con qué motivarlo. Tuvieron una hinchada fenomenal durante todo el encuentro. Ante CC, los 90′ hubo cánticos de aliento, pero adentro son contados los que se inmutaron. La hinchada les quedó grande.

Infiltrados: así como lo hizo el hincha Santo en todo el torneo, esta vez el simpatizante de CC se llegó a La Ciudadela para alentar, en silencio, a su equipo. El grupo más numeroso se ubicó en la tribuna de Calle Rondeau, al lado de La Brava. En la platea también hubo varios. Algunos, cuando se dieron cuenta que los hinchas Santos los identificaron, se cambiaron de butaca.

 

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